Publicado en E n t r e v i s t a s, Música

/Sɪmpəl/ plan

Lo que alguien es se devela en el tiempo, o está guardado en la infancia. O tal vez lo esencial no es otra cosa que un estilo, tanto más que otro ‘complejo’ o ‘recargado’. Sea: Matías “Tute” Moran  ha optado por lo sencillo.

Como cuando, viviendo y trabajando cómodamente en San José del Cabo, México, decidió regresar junto a su pareja a su ciudad natal, Belén de Escobar. O cuando, pudiendo desarrollar una carrera como instrumentista, decidió componer y grabar un disco con sus canciones.

“Tute” es un músico con trayectoria: como violista formó parte de la Orquesta Académica del Teatro Colón, de la compañía Señor Tango (con la que viajó por Latinoamérica, Estados Unidos y Europa)  y de la orquesta Dancing Mood Deluxe, con la que acompañó a artistas de la talla de Vicentico, Dante Spinetta y Skay Beilinson. Desde 2008 es violista y arreglador de cuerdas de Yira, grupo fusión de tango-rock con el que también giró por Europa y ya lleva editados tres discos.

Sin embargo, en ninguno de esos proyectos Tute ocupó el rol que tomó la noche del once de noviembre de 2016: “Matías Moran presenta  su nuevo* disco en el Teatro Sony”.

Los primeros acordes de las 19 canciones para que hagan el amor los caracoles surgieron en (o alrededor de) su estancia en San José del Cabo, México. En 2010 Tute había sido convocado por la compañía South Beach Sound para formar parte de un grupo que tocaba y musicalizaba las vacaciones de los huéspedes all inclusive de hoteles de México y el Caribe. ‘Pura vida’ es uno de los temas que habla de esos días, alegres, festivos.

Cuando Tute se refiere a los días y al trato recibido en México los compara  con los de Madonna; recurso retórico para dar una idea de lo beneficiosas que eran las condiciones de trabajo de las que gozaba.

Así y todo, decidió volver:

Alina, la primera hija de Tute y Romina estaba en camino (o en planes de estarlo) y pensaron que San José, una ciudad que es ‘un viaje de egresados permanente para hombres de 35 años’, no era el mejor lugar para criarla.

“ Las 19 canciones … quieren representar distintas etapas de la vida por las que pasa una persona, desde la adolescencia y los impulsos de juventud hasta la posibilidad de ser progenitor y renacer a través de los hijos ” .

Volviendo al barrio

‘En cierto modo yo amo y odio a este pueblo’.

Así de tajante se expresa Tute respecto de sus sentimientos sobre (Belén de) Escobar. Todavía le pesa el hecho de que en su pueblo se haya elegido a Patti y a otros candidatos de su espacio político como intendentes. Quizás le pese porque conoce de primera mano a familiares, amigos, vecinos, que apoyaron y todavía apoyan al denostado intendente. Tute duda respecto del hecho de que ‘hayamos salido totalmente de la dictadura’ por dos motivos: primero, por esos resabios de apoyo que persisten, y segundo, por las políticas culturales de los años de Patti que han permeado el tejido social, estableciendo modos de relación privativos y que no promueven el encuentro.

No todo es desazón. Tute percibe un cambio de aire positivo con la nueva intendencia (Sujarchuk, Frente para la Victoria) en lo que se refiere al campo del arte y la cultura. En comparación con lo que significaron los años de Patti & Cía., la nueva gestión se presenta como activa, plural, abierta, en consonancia con los sectores más jóvenes y activos del arte y la cultura en Escobar. Baste revisar la fan page  de la Secretaría de Cultura para ver la variedad de actividades que se ofrecen: concurso de bandas y solistas, encuentro de músicos de jazz, cine en los barrios, títeres en las plazas para chicos, entre otras.

Después, una segunda lectura puede criticar que el cine que se proyecta es el de las grandes cadenas o que la promoción de nuevos artistas se hace copiando los formatos exitosos de la televisión. Ni que hablar de la situación del Instituto Superior Municipal de Formación Docente y Técnica N° 8034 (donde se dicta el profesorado de educación musical) que desde siempre ha sufrido pésimas condiciones edilicias y que este año enfrenta el recorte de horarios para su ciclo inicial (FO.BA).

Tute está lejos de pensar que las políticas culturales de la nueva intendencia sean las más idóneas, pero sí considera que son mucho mejores que las de los años anteriores.

Las buenas o malas condiciones del trabajo artístico no sólo dependen de las políticas de gobiernos, también de cuál es la posición de los artistas respecto de su trabajo. Tute considera que el músico por su misma práctica tiende a ser solitario, a hacer siempre la suya, y muchas veces esa manera de proceder es más perjudicial que beneficiosa para el conjunto.

Tute sostiene con convicción que el músico (el artista) tiene que participar del circuito económico al mismo nivel que cualquier otro agente económico de la sociedad (‘cómo hace alguien para convertir su arte en una forma de vida’). Compara el presente con lo que se vivía diez años atrás en Escobar y piensa que ‘las cosas van mejorando’:

“Hace 10 años el Anti-Ego hubiera sido gratis” .

Así resume dos estilos de época distintos en relación al arte, sobre todo de sectores jóvenes, que se produce (ía) en Escobar. Tute refiere que una década atrás en Escobar había un sentido común que entendía que “la única forma de oponerse a ese sistema político cultural tan nefasto, que era la a-cultura, era hacer cosas de onda y gratis para que la gente venga”. En 2013 junto con su compadre ‘Chechi’ Aguilera abrieron el espacio cultural La Kalimba, un proyecto que va en el sentido que sostiene Tute, los artistas recibiendo una retribución económica por su actividad. Y ve como poco a poco hay más espacios que comparten esta postura: el Colectivo Cultural, los recitales y festivales organizados por La tumba del Alca-Taller de Remedios, la peña tanguera en la sociedad de fomento Villa Vallier.

Además de funcionar como sala de conciertos, en la Kalimba se dictan talleres artísticos para distintas edades, de instrumentos y clínicas y seminarios para músic@s.

Lo que vendrá

2017 trajo una nueva hija junto a Romina. Tute tiene pensado seguir con sus proyectos ligados al espacio cultural ‘la Kalimba’ y a la enseñanza (es profesor en una escuela de la zona y en la Kalimba dirige un conjunto de cuerdas). En su rol de músico, sigue con ‘Yira’, con quien ya tiene pautadas algunas presentaciones para este año, y en relación a su proyecto solista

después de la presentación del año pasado surgieron nuevas propuestas para presentar el disco en otros lados, que me entusiasman, que lógicamente después tienen que cerrar no sólo en lo técnico, también en la logística, en lo económico. (…) Es complicado, pero lo voy a hacer. Así como es complicado, sé que lo voy a hacer, pero lo voy a hacer cuando aparezca algo que amerite la pasión ’.

Las 19 canciones no sólo que forman su último disco sino también el primero de Tute como solista.
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Publicado en Danza, E n t r e v i s t a s

El ciudadano ilustre*

Si algo destaco de Joaquín Toloza en su calidad de artista es la búsqueda permanente que lleva adelante para dar con nuevas formas en ( y a partir de ) disciplinas que tienen, en el resguardo de una tradición, su rasgo identitario.

La primera vez que recuerdo manifestó esa cualidad fue hace algo más de diez años cuando me contó que había ‘sacado’ una idea para una ‘mudanza’ (serie de movimientos y golpes realizados con los pies que componen el zapateo de un malambista) de los ruidos que hacían las máquinas con las que estaba en contacto a diario en su trabajo.

Continuó ensayando y entrenando, como en toda su vida, para las competencias de malambo; su cabeza inquieta lo llevó también a transitar una nueva vía, la del folklore-espectáculo.

En los años que siguieron presentó sus primeras obras de danza: ‘Hijos de Savio, quién los parió’ (2008) y ‘Vengo de ayer, no soy de ayer’ (2010) en las que desarrolló distintas variantes del zapateo de malambo, con boleadoras o con cuchillos por ejemplo.

‘Grises’ (2011) fue un primer hito en esa carrera. Junto a Gaby Sáenz (bailarina también y pareja de Joaquín de ese entonces) desarrollaron una obra de temática ambiental, influenciada por el trabajo de compañías como ‘Stomp’, ‘Mayumana’ o ‘El Choque Urbano’ y en la que el malambo convive con el candombe, con el reggaetón y con algo de música africana.

Después de ‘Grises’ no hubieron –hasta el momento– otras obras o espectáculos de danza. Joaquín agradece los alumnos que tiene porque lo siguen en sus ‘locuras’. Fue su mamá, Doña Blanca, quien lo llamó a la reflexión:

¿Vos te diste cuenta que los chicos hacen esto porqué vos querés? Ellos quieren zapatear’.

Así que, tras ese llamado al orden , Joaquín retomó el camino que había iniciado en  2003 cuando había decidido dejar el ballet del que formó parte durante toda su adolescencia (Arte & Estilo, al que, junto con su directora, Laura Verón, reconoce deberles mucho ) y fundar su escuela de malambo, ‘Maquinista Savio’.  Al principio eran él y tres alumnos con los que ensayaba en el patio de su casa. Con los años se fueron sumando más y más alumnos – desde los ocho años y hasta pasados los treinta – y los certámenes ganados, siempre en el rubro conjunto de malambo:  el Festival Nacional del Malambo (Laborde, Córdoba, 2006 y 2010) , el Festival de la Sierra (Tandil, 2007, 2008, 2009), el Encuentro Nacional de Danzas Folclóricas ‘Ameridanza’ (Ciudad de Córdoba, agosto de 2011).

Durante 2012 y 2013 (post-Grises ) ‘Maquinista Savio’ no consiguió ninguno de los certámenes folklóricos más prestigiosos. Tuvo que intervenir Doña Blanca para que la escuela volviera a consagrarse en los escenarios más importantes del país. Así llegaron el el Festival Nacional de la Zamba (Tucumán, 2014 y 2016), el ‘Certamen de Danzas Folklóricas y Tango Chakaymanta’ (San Isidro, 2015) y , finalmente, y después de intentarlo durante siete años, el ‘Certamen para nuevos valores Pre–Cosquín’ (Cosquín, 2017) .

Junto a estos galardones, se pueden sumar otros muchos certámenes en los que el conjunto de malambo mayor ganó, llegó a las finales o participó, las presentaciones en programas de televisión -originadas por esa destacada labor- como en los programas ‘Ecos de mi tierra’ ( TV Pública, 2009), ‘Argentina baila’ (Tv Pública, 2016 -concurso de baile en el que Joaquín fue convocado como coach de malambo-), ‘La peña de Morfi’ (Telefé, 2017) y la participación –gracias al triunfo en el certamen Pre-Cosquín- en el Festival de Cosquín 2017 en el que los ochos malambistas de ‘Maquinista Savio’ brindaron al público y a todo el país su malambo sureño, minutos después de la presentación de Abel Pintos.

O si de nuevos medios se trata, 5 de los 10 videos más vistos en Youtube con la búsqueda ‘Maquinista Savio’ son de la escuela de malambo.

De esta manera Joaquín cumplió con los objetivos iniciales que se había planteado para su escuela. Por un lado, ganar todas las competencias más prestigiosas de malambo; por otro, y casi como un subproducto del primer objetivo, ‘darle un reconocimiento dentro de la danza a ‘su’ Maquinista Savio.

Así relata como eran los inicios y el por qué del nombre de la escuela :

Maquinista Francisco Savio es una localidad del partido de Escobar habitada en su mayor parte por migrantes o hijos de migrantes del Paraguay y de provincias del norte argentino, quienes se dedican a trabajar, mayormente, los hombres como peones en la construcción o en la jardinería, las mujeres como empleadas domésticas, en countries y barrios acomodados del norte de la Ciudad y del Gran Buenos Aires. La fama de la que habla Joaquín se relaciona con el hecho de que Maquinista Savio, cuando es mencionado en los medios de comunicación nacionales, lo es, por lo general, por motivos policiales. En otro capítulo de la tendencia de la especie humana a segregarse por los más diversos motivos en grupos distintos ( llevando esa separación al límite de considerar que los ‘Otros’ no sólo que son distintos sino que son inferiores ) cuando los habitantes del resto de las localidades del partido de Escobar -muchos de ellos con condiciones materiales y simbólicas similares o iguales- se refieren a los habitantes de Maquinista Savio lo hacen en la mayoría de los casos bajo el mote de ‘negros’ , ‘chorros’ , ‘villeros’.

Es en ese contexto en el que Joaquín se propuso contrarrestar el estigma con el que carga su pueblo natal, bautizando a su escuela de malambo con tal nombre.

Innovar sin perder la tradición

Joaquín reconoce a Santiago Ayala, el ‘Chúcaro’, y a Juan Saavedra como los dos grandes maestros de la danza folclórica. Del primero destaca su carácter de ‘adelantado’ y de innovador: el ‘Chúcaro’ es el inventor del baile con boleadoras y con cuchillos. Del segundo, rescata el aporte realizado para hacer las danzas folclóricas más libres, con el cuerpo (‘más sentimental, más expresivo’) como con la vestimenta (‘no usar la bombacha por adentro de la bota, una camisa más ablusada, más española, y no usar rastra’).

Joaquín retoma ese carácter innovador de los grandes maestros y lo aplica (‘sin perder la tradición’) cuando lleva a la práctica pasos de baile que están inspirados en los ruidos que hacen las máquinas en su trabajo o en danzas tan disímiles como ball room o hip hop . O, cuando, planificando el 2017, decide retomar los espectáculos de danza y tiene en claro que no quiere hacer ‘ni bombos ni boleadoras’ .

Los grandes maestros lo inspiran también para ‘ir más allá’, no sólo en relación al desarrollo e innovación del lenguaje=danza, sino también en lo que tiene que ver con objetivos materiales. Santiago Ayala participó en gran cantidad de obras de teatro, películas y programas de televisión: su más grande legado es el ‘Ballet Folklórico Nacional’, creado gracias a su impulso en 1986; Juan Saavedra, de larga trayectoria en el exterior, fundamentalmente en Europa, se ha presentado en algunos de los escenarios más renombrados del Viejo Continente, como el Teatro Lido de París, el Palladium de Londres y el Sporting Club de Montecarlo.

Inspirado en esas carreras, Joaquín no tiene pensado ‘parar’ hasta que sus alumnos cobren un sueldo fijo por mes como bailarines, viajen a Europa a mostrar la danza de ‘Maquinista Savio’ y visiten muchos países.

Sentimientos encontrados

La consagración en Cosquín (tras siete años de intentarlo y no conseguirlo) no es vivida de manera plena por Joaquín. Por un lado, cómo él dice, se cerró un ciclo, la escuela ganó todos los certámenes más importantes de malambo. Él tampoco volverá a zapatear junto a sus alumnos en alguna competencia; seguirá yendo con su escuela a los certámenes y festivales pero sólo como director. Tiene, sí, ‘dos años más’ para intentarlo en rubros solistas.

El triunfo es ambiguo también por motivos personales. A mediados de 2016, falleció Doña Blanca:

V i d a c o n t i n ú a

Seguirá ligado al malambo, a la danza, toda su vida. No en conjunto, pero sí en otros rubros, o como director. Nos cuenta qué más tiene pensado para 2017:

* Esta nota es producto de dos entrevistas realizadas a Joaquín: la primera en marzo de 2012, la segunda en febrero de 2017.

 

Publicado en E n t r e v i s t a s, T e a t r o

Un hombre Común y Corrientes

En una de sus últimas publicidades, Quilmes convoca a Ricardo Darín para demostrar cómo las celebridades (pese al sin fín de privilegios de que gozan) desean disfrutar de los placeres de un tipo ‘Común y Corrientes’. Estoy seguro de que Tomás Seminari quiso, en algún momento de su carrera, disfrutar un poco de la fama que tiene el gran actor argentino.

Es que el actor que da nombre al teatro municipal de Escobar tuvo oportunidad de llegar, al menos, una vez a la pantalla chica: a fines de la década del ’50, principios de la del ’60, Tomás Seminari fue recomendado por la actriz Dorita Acosta (segunda vedette de José Marrone, como bien él recuerda) al jefe de programación de canal 7 de ese entonces, Osvaldo Luis Cabral.

Pero Tomás no tomó esa oportunidad:

Se arrepintió muchos años de esa decisión. Tuvo que esperar hasta junio de 1998 cuando, durante la primera intendencia de Patti, se reinauguró el teatro municipal con su nombre y entonces allí todos sus años dedicados a la actuación encontraron una retribución sino económica, material y tangible.

No le pregunté por su relación con el vituperado intendente. Tampoco qué sentía al haber sido reconocido por un represor. La imagen de Patti por aquellos años rezumaba legitimidad y Tomás, pese a que se dedicaba al teatro, no era un hombre de andar haciendo aspavientos. Era, simplemente, un hombre ‘Común y Corrientes’.

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F o t o g r a f í a d e m u r a l r e a l i z a d o  p o r B y g a R e y ( i n t e r v e n c i ó n )

Seminari ( 1923 – 2015 ) se dedicó vocacionalmente al teatro desde muy joven. En su extensa carrera se destacan sus roles protagónicos en ‘La montaña de las brujas’ de Julio Sánchez Gardel y en una de las pocas películas producidas en el partido de Escobar en la década del ’80, ‘Pajarito, el loco de las alas’ (1989) de Juan Carlos Villalba.

La entrevista

Lo conocí una noche de otoño de 2010. Por invitación de unos compañeros de trabajo había ido a presenciar una obra en su teatro. Durante la representación de las escenas yo miraba de tanto en tanto a Tomás que, sentado en la butaca # 1 de primera fila que tiene reservada, observaba la obra.

Terminada la función salí al hall de entrada y, después de saludar a amigos y conocidos, me acerqué a él y le propuse algo que me surgió en ese momento (en el momento en que yo lo observaba): una entrevista.

Yo no era periodista, sí estaba ligado a lo artístico-cultural producto de mi participación en la comisión directiva de la biblioteca popular 20 de diciembre. Y estudiaba comunicación. No publicaba en ningún medio y la entrevista no tenía sentido de ser publicada. Hubo algo de Tomás que me conmovió. Los años y esa persistencia en presenciar obras en su teatro, siquiera se tratare de grupos pequeños. Accedió. Quedamos en encontrarnos en su casa (que está a menos de una cuadra de distancia del teatro) una semana más tarde.

El sábado siguiente, a la hora de la siesta, llegué a la casa de Tomás Seminari. Me recibió en un garage reconvertido en habitación o sala de estar y allí pasamos más de dos horas charlando, fundamentalmente, de su trayectoria artística.

Desde un primer momento dejó en claro su pensamiento: el teatro es vocación y lo que importa son las satisfacciones espirituales que este brinda.

La oposición con lo material-profesional se manifestó más de una vez en la entrevista y lo que en un principio sonó a reivindicación, luego de escuchar el malogro de su oportunidad, se sintió también como arrepentimiento.

I r r e s p o n s a b l e

Hablamos de arte, y ante la consulta por su definición de aquel término indescifrable, Tomás prefirió referirse y recordar a quienes consideraba como artistas de aquellos que no lo eran:

Tomás se refería así a otros artistas (que para él no lo eran, y no por qué no tuvieran las condiciones para serlo) que vivían sus actuaciones en público como una responsabilidad mayor. Y eso para él era un error.

Siete años pasaron de aquella entrevista.

Si la aceptación del reconocimiento por parte de Patti puede interpretarse como una aprobación de la figura del represor, hoy puede verse también cómo el nombre y la figura de Tomás sobreviven a las intendencias.

Demasiadas cuentas para un hombre común.

Publicado en Libros

Entrevista sobre el siglo XXI (fragmento)

“El crecimiento de la riqueza en el mundo es de tal magnitud que ha transformado enteramente la situación. (…) La capacidad de la economía global de producir mucho más, aunque con una distribución extremadamente desigual, ha transformado el mercado de los consumidores, antes que en ninguna parte en los Estados Unidos, luego en Australia, después en Europa, pero también, y cada vez más, en cualquier rincón del mundo. No debemos olvidar jamás que, a fines del siglo XX, a pesar de las extraordinarias catástrofes que han caracterizado el siglo, la mayoría de los pueblos está mejor, sea cual sea la unidad de medida que se use. Hay una o dos excepciones en las que la situación ha empeorado, sobre todo en los últimos años, en África y en Rusia. Pero aun así, en su conjunto la población mundial se ha triplicado respecto de la del siglo XIX, y toda esta gente es físicamente más fuerte, más alta, vive más tiempo, es más sana, sufre menos hambres y carestías, goza de unos ingresos medios más elevados y tiene un acceso muchísimo mayor a los bienes y servicios, incluidos aquellos que garantizan mejores oportunidades de vida, como es la educación. Y esto también es así hasta en los países más pobres. Desde 1943 ya no se ha producido ninguna hambruna en la India. El hambre, en gran parte del mundo, con sólo un par de excepciones, ya no es un espectro que atormente a los seres humanos.

Esto quiere decir que, por primera vez, la producción puede adecuarse a la demanda de la masa de la población, ponerse en sintonía con ella. En los países desarrollados, los seres humanos ya no viven en la época de la necesidad, pueden escoger entre las cosas que desean en vez de tener que hacerlo entre comer y abrigarse. Ya no tienen que preocuparse del pan cotidiano, sino que, en el supuesto de que quieran comer pan, tan sólo deben decidir sin quieren un bocadillo hecho con una baguette francesa o con pan de molde, con jamón dulce o ahumado, con tomates frescos o desecados.

Todo esto ha transformado la economía. No sólo en términos de bienes materiales, sino también por lo que hace a los servicios. Considere el acceso a la cultura, el número de libros o de discos que existen, la cantidad de personas que pueden obtener diversión en información en cualquier momento del día. No hay ningún precedente en la historia de la humanidad.

En los países desarrollados, incluso los más pobres y desamparados viven incomparablemente mejor que sus abuelos. He aquí una de las razones por las que el neoliberalismo del free market ha cosechado tanto éxito, aunque sólo haya sido temporalmente. Su objetivo no era abolir la pobreza, o redistribuir recursos y generar justicia social; y, sin embargo, pese a tantas injusticias como existen, hasta los pobres han visto mejorada su situación, al punto de aceptar el actual estado de cosas. Es decir, el crecimiento productivo y la disponibilidad de riquezas son hoy enormes, y la mayor parte de la población mundial se ha beneficiado de ello.”

Hobsbawm, Eric. (2000). Entrevista sobre el siglo XXI. Barcelona. Crítica. Páginas 109-110.

Publicado en Cine

Buenos modales

Pepe es un campesino de origen español que trabaja su tierra con esfuerzo y se gana la vida con ello. Un grupo de revolucionarios llega a su aldea y ayuda a Pepe y a sus vecinos a vencer a las tropas de Franco para así recuperar su control. Una vez logran hacer esto se reúnen en asamblea para discutir qué hacer con la aldea. La mayoría de los campesinos y los ‘milicianos’ piensan que todas las tierras (las de los aldeanos y las de los terratenientes) deben ser unificadas y colectivizadas para así incrementar la producción de alimentos y dar de comer a los compañeros que pelean en el frente de batalla. Pero Pepe –parece ser él el único que piensa de esta manera- no quiere dar su tierra para la colectivización. Pepe argumenta que ha trabajado con gran esfuerzo su tierra –es por eso que le va bien- y que no todos saben trabajar en el campo.

No voy a discutir quién tiene razón o quién no. Voy a enfocarme en la actitud asumida en la asamblea por los revolucionarios. Ellos piensan que se deberían colectivizar todas las tierras, sin tomar en cuenta intereses o necesidades personales como los de Pepe, aún si este último no quiere dar su tierra o esta representa una pequeña extensión. En vez de ignorarlo y dejar a Pepe con su pequeño campo, los revolucionarios pasan por alto su caso particular, votan y lo obligan a entregar su tierra, en una nueva edición de tiranía de las mayorías. Podríamos pensar que no hay ningún problema en ello: en el contexto de una guerra revolucionaria contra el fascismo no deberían considerarse cuestiones de individuos. Lo que todavía me sorprende es que esta clase de actitudes podemos encontrarlas actualmente en muchos militantes de izquierda cuando la presencia de este movimiento en la escena política no es precisamente hegemónica. Y lo que es más, algunas de sus propuestas centrales son asaz grandilocuentes, ‘nacionalizar la banca’: ¿qué clase de análisis supone que se tiene el poder para lograr ese cambio?

Para ganar más y más consenso para el movimiento de izquierda pienso que sería mejor dejar que casos excepcionales como los de Pepe se resuelvan en su propia dinámica, ¿por qué? Porque si estamos en lo cierto, Pepe –y otros como él- van a darse cuenta más tarde o más temprano que les conviene unirse a nosotros. Y si no, son tan sólo una minoría y no hacen la diferencia. En el tiempo presente no parece correcto forzar a las personas a que piensen como nosotros queremos porque en una democracia debemos convencer con argumentos y no obligándolas a que así lo hagan.

Tierra y libertad, Ken Loach, 1995.

La libertad

Ví recientemente ‘La libertad’ de Lisandro Alonso y mientras transcurría recordé algo que había leído de Eric Hobsbawm en ‘Entrevista sobre el siglo XXI’ (Crítica, 2000). En ese libro –una entrevista realizada por el periodista y político italiano Antonio Polito- Hobsbawm exalta el progreso y desarrollo que el capitalismo de libre mercado ha llevado a casi todos los países del mundo. Aun considerando enormes catástrofes como las guerras mundiales, el problema de la alta y creciente desigualdad en la distribución de la riqueza o algunas excepciones del presente –como algunos países africanos o Rusia- el historiador inglés destaca el crecimiento general de la riqueza que nuestras sociedades han experimentado a lo largo del siglo veinte y en comparación con cualquier otro momento del pasado, desde el incremento de la población a la garantización de servicios públicos en salud y en educación, desde la accesibilidad a bienes culturales al fortalecimiento del poder de elección a causa de la incontable variedad de productos y servicios que podemos elegir.

Eso es lo que se ve en ‘La libertad’. Misael es un hachero que trabaja en soledad, probablemente en alguna parte del litoral argentino, de manera ‘salvaje’, durmiendo en una carpa llena de agujeros y comiendo lo que caza en el monte. Pero en todo momento, si él quisiera, podría manejar la pick-up de su capataz hasta la ruta más cercana, parar en la estación de servicio y, con el dinero que gana por la venta de los troncos de árbol, comprar los bienes que necesita (Fanta y cigarrillos). Más aún: a pesar de la soledad en la que vive Misael mantiene el contacto con su familia ya que puede llamar por teléfono a un vecino y pedirle a este que le dé un mensaje y saludos a su madre. O puede distraerse un rato escuchando música en la radio (o las noticias si quisiera).

Y no estamos teniendo en cuenta que en el tiempo presente, con el desarrollo y la innovación en tecnología de que disponemos, si Alonso quisiera filmar a un hachero como Misael nuevamente, este probablemente tendría un teléfono celular con conexión a Internet.

Publicado en Deportes, TV

Si yo fuera Dustin Brown, jugaría como él…

Dustin Brown es, sin dudas, uno de los tenistas más peculiares del momento. A días de comenzar la competencia olímpica, te presentamos a uno de los singlistas que representarán a Alemania en Río.

De organizarse el ranking de la ATP según niveles de popularidad y conocimiento de marca, seguramente Dustin Brown estaría en la primera mitad de la nómina de jugadores que va del 1 al 100. Su figura llama la atención en múltiples dimensiones, en esa compartida ascendencia, mitad alemana (por parte de su madre), mitad jamaiquina (padre), que lo lleva, por un lado, a preferir la residencia y nacionalidad germanas en favor del progreso de su carrera deportiva, y por el otro, a elegir su herencia jamaiquina en su aspecto y en sus gustos.  Sus dreadlocks (junto al color de su piel, una sin los otros no funcionarían) resaltan en el circuito, convirtiéndolo siempre en protagonista de las galerías de imágenes de los torneos, como en el último Wimbledon en donde encabezó una selección de fotos que muestra las formas particulares que toman las cabelleras de los y las jugadoras a la hora de impactar la pelota. Vale decir que con ese criterio, sólo Brown (y un hasta el momento desconocido Stefanos Tsitsipas, jugador junior) participó del conjunto, el resto son todas tenistas de la WTA.

Su historia también está cargada de particularidades: nació y vivió en Alemania hasta los 11 años, cuando por decisión de sus padres, y por motivos económicos que incluían los costos de entrenamiento y preparación de su hijo, emigró junto a ellos más de 8,000 kilómetros hasta Montego Bay. En Jamaica, Dustin seguiría practicando su tenis, pero la isla no tenía, entre otras cosas, canchas ni instalaciones adecuadas. Tuvo que esperar hasta los 20 para volver a Europa y encarar, ya profesionalmente, su carrera tenística. El plan era el siguiente: sus padres pedirían un crédito y le comprarían una camioneta Volkswagen (con cocina, baño y espacio para tres camas) para que Dustin pudiera viajar por toda Europa, de torneo en torneo, a bajo costo, ahorrando hospedajes y comidas en restaurants. Además, como muchos otros tenistas del circuito que buscan generar ingresos extra, en sus horas libres fuera de los courts, Dustin encordaría las raquetas de sus colegas.

Day Four: The Championships - Wimbledon 2015
Pasaron seis años para que Dustin y su familia devolvieran ese dinero del crédito y él empezara, sin grandes lujos, a hacer carrera en el tenis. En 2010, a partir de una serie de buenos resultados en challengers (torneos de segunda categoría si tomamos como un todo los torneos ATP) se ubicó dentro del primer grupo selecto compuesto por los 100 mejores jugadores, tan solo por un peldaño: número 99 del ranking mundial.

No fue hasta 2013 que Dustin logró reconocimiento por parte del gran público al vencer en segunda ronda de Wimbledon al bebé insoportable de Lleyton Hewitt. Ese día Brown empezó definitivamente a atraer la atención de las cámaras y no sólo por su aspecto. Hewitt sufrió el estilo permanente de ‘serve & volley’ que Dustin Brown aplica como único patrón de juego, sin importar que en la actualidad y desde hace ya unos años los jugadores top se caracterizan por un potente servicio, por resguardarse en la línea de base direccionando (los mejores) de aquí a allá a sus rivales y por visitar cada vez menos las cercanías a la red. Él ensaya las parábolas más extraordinarias con su raqueta para posteriormente (ya que muchas de ellas son contrarrestadas) volar y sumergirse a su gusto en el terreno, salvando puntos increíbles.

En 2015 Brown daría el gran golpe. Como una señal del destino, así como el hombre que dio a conocer el reggae en el mundo se consagró en Londres, Brown volvería a brillar en Wimbledon, esta vez ganándole a ese otro batallador incansable de Rafa Nadal. Fueron cuatro sets en los cuales Brown desplegó toda su maestría en la ejecución de slices, voleas con salto y pelotas pegadas de sobrepique. Practicó infinidad de puntos fantásticos, como el 0-30 a favor en el game que le daría el primer set: un slice de derecha con la raqueta viniendo de arriba hacia abajo, en un movimiento rápido y preciso para que la pelota se cargue con un contra-efecto, se pinche al tocar el suelo y salga para el lado más alejado de Nadal que, llegando a la devolución, no podría contestar la estirada volea en la red que le daría el punto a Dustin. (Ver “Rafael Nadal vs Dustin Brown Highlights Wimbledon 2015“). Son ese tipo de jugadas (producidas de a miles por Brown) las que lo hacen participar  semanalmente de los top ten de las acciones más espectaculares del circuito.

El tenis, como toda actividad profesional, rehúye al riesgo como principio de construcción. Es en ese medio que Dustin Brown juega, regala espectáculo, desafía rivales, obligándolos a responder también de manera espectacular y alcanzando niveles superlativos cuando  logra a su vez devolver pelotas que ya no tienen retorno. ‘Irracional’, ingenuo para muchos, los que disfrutamos de este deporte nos agraciamos con poder ver algo que no sea sólo velocidad, potencia y precisión constantes. No es que no admiremos estas cualidades en los mejores tenistas del circuito… como una declaración de principios, y prueba de la homología estructural que hablábamos en la entrada anterior, en una nota de promoción oficial de la última edición de Wimbledon, cuyo cuestionario versaba acerca de las cuestiones más nimias e hipotéticas, al preguntársele qué otra estrella del deporte le gustaría conocer, Dustin contestó sin dudas ‘Dennis Rodman’.

Atentos a su participación en los juegos olímpicos, es uno de los tres singlistas que representarán a Alemania en Río.

Publicado en Música

El gusto musical

“Si, por ejemplo, no existe nada que permita tanto afirmar a uno su ‘clase’ como los gustos en música (…) es sin duda porque no existe práctica más enclasante, dada la singularidad de las condiciones de adquisición de las correspondientes disposiciones, que la frecuentación de conciertos o la práctica de un instrumento de música ‘noble’.”

Pierre Bourdieu, La distinción.

En esta gran obra el sociólogo francés desarrolla un estudio sobre el gusto, cualidad diferencialmente distribuida entre las clases sociales de una sociedad de acuerdo a condiciones de existencia diferentes, y que da cuenta de las prácticas de producción y de recepción (juicios de gusto) en los más diversos campos de la experiencia humana. El habitus de clase, principio generador y unificador de las prácticas más diversas como también esquemas de percepción de esas prácticas y sus productos, es el concepto que Bourdieu desarrolla para analizar el gusto y los estilos de vida de las clases sociales.

Si, en referencia a las características más importantes que tiene que tener un hogar, las clases populares reivindican la limpieza y practicidad y las clases medias resaltan el hogar cálido, íntimo y confortable, las clases privilegiadas ya no destacan ninguno de estos atributos porque los dan como por sentado: se caracterizan en todo caso por unas intenciones socialmente reconocidas como estéticas como pueden ser la búsqueda de la armonía y la composición. Por un lado, porque como dice Bourdieu (en una estructura similar a la de los niveles de producto):

los gustos obedecen a una ley de Engel generalizada: a cada Bourdieunivel de la distribución, lo que es especial y constituye un lujo inaccesible o una fantasía absurda para los ocupantes del nivel anterior o inferior, deviene trivial y común, y se encuentra relegado al orden de lo que se da por normal debido a la aparición de nuevos consumos, más especiales y más distintivos.[1]

Es una búsqueda hacia delante permanente por los signos de la distinción, que deja atrás todo aquello que, con el tiempo, se vuelve más y más accesible a las clases ubicadas en niveles inferiores en relación a la distribución del capital que, como enseñó Bourdieu, no sólo es económico, también académico, cultural, científico, principalmente, también relativo al campo al que circunscribiésemos nuestro análisis.

Por otro, porque esas diferencias en los gustos y estilos de vida marcan la distancia respecto de la necesidad: las clases populares tendrán gustos y elecciones estéticas más cercanas a la funcionalidad, a lo práctico y necesario para ser como hay que ser, sin más,[2] mientras que, conforme se acrecenta el capital, (no sólo económico, también académico) las elecciones se basarán en otros criterios, ligados a la forma, a lo ornamental, en expresiones que materialicen niveles más desarrollados (por profundos y tiempos dedicados) de los códigos o lenguajes puestos en juego. Y la música es el arte “puro” por excelencia, es pura forma.

¿Cuál es mi gusto musical?

Claro que hay distintas expresiones de esa forma, desde las más trabajadas y que dan cuenta de la historia del campo, proponiendo nuevos discursos que debaten con otros, anteriores o sincrónicos, como otras más simples que ignoran la historia de los desarrollos y reproducen lo hartamente consagrado. Bourdieu distingue tres universos de gustos: el gusto legítimo, el gusto por las obras legítimas (como El clavecín bien temperado o El concierto para la mano izquierda) que es también el gusto dominante, el gusto de las clases dominantes de una sociedad; el gusto medio, representado por las obras menores de las artes mayores (la Rapsodia húngara o la Rapsodia en blue); y el gusto popular, que conjunta las obras de la música “ligera” o de música culta desvalorizada por la divulgación, como El bello Danubio azul, La Traviata o La Arlesiana. Siempre hablando de la música culta o académica y para los franceses de la década del ‘60. Cincuenta años más tarde, y después de haber pasado por las compuertas evolutivas de la atonalidad, el serialismo y la explosión de la cultura de masas, obras como El clavecín bien temperado bien podrían pasar como parte del gusto de clases medias. Mi gusto no escapa de la tonalidad y, si bien me permito y disfruto de disonancias, lo fundamental en mí pasa por la tendencia a buscar una estructura reconocible a la cual aferrarme. Cuando escucho música basada en la improvisación, en la experimentación, la disfruto (siempre que sus intérpretes demuestren ser buenos ejecutantes) pero más tarde que temprano busco una estructura clara y la improvisación, ese tren que deposita sus propios rieles conforme va avanzando, si no deja de abrir posibilidades no me permite totalizar un recorrido y a la larga me abruma o me aburre. Entiendo (trato) a aquellos que con un mayor dominio del lenguaje encaran la música desde la experimentación y se los agradezco: yo lo haría como una actividad iniciática con el objetivo de llegar luego a estructuras más formales porque, dada la posición que ocupo en el campo de la música como escucha e incipiente productor, y en base a mi gusto de clases medias, no me permito, a la manera del arte por el arte, “improvisar por improvisar”.

Con este marco, y tal como los encuestados por Bourdieu que respondían qué características preferían para sus hogares, si yo tuviera que definir mis gustos en música, diría que prefiero la música compuesta con un sentido teleológico: una música que va hacia un lugar, que no devanea. Y que por ello es concisa y coherente, compacta y contundente, balanceada en sus partes. Y hoy, la banda que mejor representa ese gusto musical es Tindersticks. Los conocí hace poco, zapping domingo a la tarde, recital transmitido por DW. Seguramente me quedo un rato en canales donde pasan recitales muchas veces y cambio, esta vez encontré algo que realmente me gustó. Bourdieu dice que el habitus, resultado de las experiencias desde temprana edad, formador del gusto, permite reconocer nuevas experiencias a partir de mínimos indicios y, con una tendencia reproductivista que ha sido criticada, las incorpora ampliando el gusto propio. La iluminación, la puesta en escena, una primera impresión de lo que suena, el tono de voz del cantante quizás, fueron suficientes para que en unos segundos reconociera que esa banda tenía algo que ver conmigo. Un segundo análisis que el sociólogo francés promueve es el de que este tipo de elecciones (todo tipo de elecciones, de ahí el carácter unificador del habitus) tiene un fundamento objetivo basado en la posición que ocupan en sus respectivos campos prácticas y agentes, en este caso, productores artísticos en el de la producción artística, y el público y sus gustos, en el campo de las clases y de las fracciones de clase. Las posiciones y las prácticas, de acuerdo a la acumulación del capital correspondiente que condensen, entran en el juego de las relaciones de fuerza con otras de sus respectivos campos y se relacionan simpáticamente por homología estructural y funcional con otras posiciones y otras prácticas en los campos más disímiles. Así un músico, cuya obra es considerada menor por el gusto legítimo, ocupará una posición dominada dentro del campo de la producción artística y tendrá afinidad objetiva con aquella parte del público cuyos gustos sean tenidos por poco prestigiosos y que en el campo de las clases ocupe también una posición marginada, basada más en el capital cultural que no posee  que en el capital económico (aunque este claramente es una condición de peso mas no determinante para adquirir y acceder a ese otro capital simbólico).

Staples and Fraser
Stuart Staples, voz (izq.) y Neil Fraser, primera guitarra (der.), Tindersticks en escena.

Tindersticks son ingleses y tocan desde 1992. Este verano lanzaron un nuevo disco, The waiting room, no tan brillante como el que aquí vamos a recomendar, pero con algunas canciones destacadas como “Were we once lovers” o “Like only lovers can”. Su segundo disco (que por falta de nombre –como el primero- se conoce como “The Second Tindersticks album”)  sí que brilla tanto más cuanto que el entorno en el que se construye es oscuro y sombrío. Desde la música (tímbricamente grave) hasta las letras (de amor, que duele; descripciones por lo general de cuartos o habitaciones donde siempre hay algo gastado o roto, con personajes que no salen de sus camas, y que fuman y toman café) no hay una canción mala en este cd, que cumple con las características que yo prefiero: composiciones balanceadas, coherentes, concisas. Y que, a favor de un gusto que con los años y la educación se ha refinado, entrega orquestaciones amplias y nobles, arreglos (generalmente de cuerdas, como la gloriosa sección de “A night in”) que brillan y pintan canciones lúgubres entonadas por la voz grave y balbuceante de un melancólico Stuart Staples, quien también se permite, sin salir de la oscuridad, alguna nota de humor, como en “My sister”.

[1] Bourdieu, P. (1979). La distinción. Taurus. Madrid. Pág. 246.

[2] Ibíd. Pág. 386. Citado también en la entrada anterior de este blog “¿Éxito o fracaso?”, línea 40.